El mindfullness ya lleva unos cuantos años en nuestras vidas. Como mantra para poder vivir de manera más activa y presente cada momento de nuestras vidas. Dejar de mirar a lo alto de la montaña y mantener el foco en cada pasito del camino, parándonos a observar cada recoveco del sendero. Algo tan sencillo de comprender pero tan complejo de ejecutar, en una época en la nos sentimos en constante competición contra nosotros mismos y contra nuestro entorno que además, se ha convertido en una comunidad infinita virtual. Nuestros dispositivos móviles nos van recordando en cada instante todo lo que están logrando el resto y los objetivos a alcanzar para poder uno sentirse realizado. Parece que nunca son suficientes los selfies, los viajes, los pasos. Jamás antes habíamos tenido un entrenador más exigente que el actual.
Parecemos ser más conscientes que nunca del valor de la vida y del significado de su fin y sin embargo, echamos a correr hacia la meta como si alcanzarla el primero fuese un logro en vez de un trágico destino. Y es que parece que estamos más interesados en rellenar nuestro bucketlist que en disfrutar de los instantes que la vida nos brinda aunque no sean todos ellos capaces de despachar alguno de nuestros objetivos últimos o dignos de aparecer en nuestras redes sociales.
¿Qué sentido tiene un amor platónico o un sueño inalcanzable? Si todo esfuerzo tiene que tener su recompensa y toda trama su desenlace, parece que lo que queda en el camino de nuestras vidas sin convertirse en un hito, no serviría de nada. Pero es que el verbo «servir» es muy de nuestra época y con ello, nos hemos olvidado muchos de vivir. De disfrutar de una novela sin moraleja, de dar un paseo sin rumbo, de sentarse uno con sus propios pensamientos con la mera intención de sentirse escuchado. Las vidas más bellas no tuvieron porque ser aquellas en las que ocurrieron el mayor número de acontecimientos. Sino aquellas que lograron la serenidad y paciencia para no acelerar el proceso.
«I have never been interested in what happens, I just want to describe it beautifully» – Arlo Parks